domingo, 18 de julio de 2010

EXPERIENCIA DE VOLUNTADES 2010

TALLER DE RELEVAMIENTO POPULAR - Julio 2010


Barrio Mitre. Villa Tesei


















El verdadero poder, el poder efectivo, se obtiene cuando se captura el "patrimonio intangible", el que se guarda en las memorias y las conciencias. Se puede destruir materialmente un país, sin destruirlo como sociedad, como nación, como "pueblo", en fin. Pero se lo puede dejar intacto y sin embargo destruido, cuando se lo vacía de va¬lores, de historia común, de mitos identitarios, de proyecto y perspectiva vital. Como el efecto de una guerra química que mata a todos los habitantes de una ciudad preservando las casas, las plazas, y las calles por donde sólo pasean los fantasmas.


























































El "mal argentino", por cierto, viene de lejos. Es el mal del "pensamiento dicotómico" que ha organizado la nación, y Romero apunta acertadamente a la dicotomía fundante1: civilización y barbarie, que sometida a simplificaciones y eslóganes, instaura una política de desconocimiento del "bárbaro" (distanciado como "otro") y con ello mutila e ignora buena parte de la propia cultura autóctona. De la mano de Arturo Jauretche, el autor señala las huellas de la "colonización pedagógica" que trae aparejada la opción irrestricta y a cualquier costo por lo que se considera "civilizado".

La "cultura del miedo" ya está instalada, para quedarse, en una sociedad que en los próximos gobiernos, aunque democráticos, no dejarán de manipular a partir de los miedos que la atraviesan. El primero de ellos es, precisamente, el miedo al miedo. No tentar, no irritar, no provocar, no hacer ningún movimiento qué vuelva a precipitarnos en el "horror" del que recientemen¬te hemos emergido. La sobreabundancia de esas imágenes temibles, y la pobreza y escasez de los análisis que apuntan a las causas que han producido esas situaciones, caracterizan -dice Romero- al informe Nunca más. Era mejor clausurar cuanto antes la memoria de una masacre en la que la sociedad aparecía, no como corresponsable, sino como la víctima pasiva o el campo de batalla, donde los "dos demonios", intrusos a ella, habían cruzado su exacerbada violencia. Esa exigencia de clausura y olvido para evitar que se reprodujese la situación anterior, terminó llevando a las leyes de Punto Final y Obediencia Debida.


La autocensura sigue vigente en los cuerpos docentes, dice Romero, incluso en los intelectuales retornados del exilio, o cesanteados en el país, que han vuelto a los claustros. Se pierde la visión de totalidad en el análisis de lo real, y las distintas áreas del conocimiento tienden a ser compartimentos estan¬cos. Aunque existe una renovación académica y bibliográfica, no se restaura la perspectiva interdisciplinaria, ni tampoco se debate la relación entre Universidad y medio social, el "rol his¬tórico" de la educación superior: "..no es difícil imaginar qué clase dé profesionales reprodujeron las universidades argenti¬nas. Se trató, básicamente, en general, de analfabetos políticos respecto de la realidad nacional y sus necesidades culturales, científicas y tecnológicas. Volvemos aquí a la imagen matriz del culturicidio iniciado por la dictadura, a su proceso formidable de colonización pedagógica y de las subjetividades culturales, a las formas aggiornadas, democráticamente encubiertas, políticamente correctas de su continuidad durante los '80".


Marìa Ester Lojo. Prologo a Culturicidio: Historia de la educaciòn en la argentina 1966-2004" de Francisco Romero