jueves, 24 de junio de 2010

Sistemas constructivos y organización popular. (aporte Virginia Guerrero)



“El problema concreto de la producción edilicia presenta, en su especificidad, características que puedan resultar rasgos propios de una determinada historia y cultura regional o local. Incluso, la materialización de propuestas proyectuales de tipo universales o cosmopolitas suele enfrentarse con factores contaminativos que emergen de una condición productiva peculiar, por ejemplo, el hecho de una cierta intensividad de mano de obra, la calidad o especialidad artesanal de la misma, la eventual perduración de oficios o prácticas tradicionales en un sitio respecto de otro.” 1
Sabemos que los modos locales de producir arquitectura, evidenciados a través de quienes materializan las obras, especialmente por medio de las habilidades y tradiciones constructivas, más que un impedimento hacia la arquitectura universal, son un punto de partida esencial de todo espacio que busca ser parte del medio en el que surge y para el cual se proyecta. Incluso ciertos modos de producción locales y tradicionales fomentan determinadas formas deseables de organización popular.

Si, de acuerdo con Roberto Fernández, incluso partiendo de ideas de pretensión universal es imposible materializar obras de estas características, porque lo local emerge en las prácticas constructivas más allá de los deseos abstractos del proyectista, independientemente de su voluntad, ¿por qué no empezar a pensar los proyectos teniendo en cuenta, así como tenemos en cuenta los factores climáticos o geográficos, las condiciones locales de producción: los conocimientos de los trabajadores, sus habilidades constructivas y las técnicas predominantes en la arquitectura popular del lugar?

Porque desconocer las tradiciones constructivas es alejarse de la realidad del medio social en el cual se quiere construir y representa una de las principales contradicciones con la cual nos encontramos al momento de “bajar” nuestro proyecto a la realidad y materializarlo. Pero investigar nuevas formas, programas y modos de producción no necesariamente se contradice con estas afirmaciones.

En palabras de Roberto Fernández:

“La producción arquitectónica se liga a un reconocimiento, diríase empírico y realista, de la materialidad inmediata. Se trata, en tal caso, de una natural inserción en un ambiente popular suficientemente vigente, lo cual no excluye la voluntad programática e ideológica de asumir esa vía en la condición contemporánea.” 1

El desafío consistiría entonces en investigar sistemas constructivos contemporáneos, que planteen mejoras productivas (en cuanto a costos y tiempos de obra) y repensar las formas y los espacios que proyectamos, pero partiendo de la realidad social local; en busca de una sólida relación entre las ideas y la realización de esas ideas. Quizás sin cambiar los materiales, ni la tecnología; sino modificando fundamentalmente los puntos de partida para acercarnos definitivamente a los habitantes y a los constructores.

“En otra dimensión de esta reflexión sobre la tecnología en tanto soporte de identidad regionalista, podrían situarse los trabajos que procuran obtener una articulación nítida entre componentes ambientales y propuestas tipo-tecnológicas constructivas.
Se comenzó con algunas viviendas a explorar el uso de tecnologías regionales, pero más especialmente, la experimentación con alternativas tipológicas que maximizaran la circulación de aire y la obtención de un confort con baja inversión energética.
Se advierte, así, el paso del tiempo y la dinámica de una cultura. El paisaje como una naturaleza antropizada que testimonia ese concepto neocultural de selva que es una de las (neobarrocas) maneras de entender la estética americana, y que no se puede comprender ni practicar sino desde América.” 1

Seguramente teniendo claro hacia dónde queremos llevar la práctica y la tecnología (de qué forma y con qué objetivos) y conociendo en profundidad las realidades locales podremos hacer un aporte a la organización popular y empezar a trabajar “junto a” y no “para” el pueblo, fortaleciendo los vínculos entre las capacidades y las necesidades para modificar sustancial y materialmente la realidad.


En relación al Voluntariado Universitario Construir desde aquí, estas reflexiones nos plantean algunos interrogantes:

¿Podríamos pensar en abrir algunas líneas de investigación relacionadas con los sistemas constructivos? Esto podría tener sentido sólo si representa un aporte a la organización, si evitamos que sea un estudio de laboratorio aislado del medio de producción (el barrio).

¿Cómo se podría plantear la investigación en relación al nivel de organización que hay en el barrio y en los estudiantes universitarios en este momento, para que no sea un estudio de laboratorio “nuestro”, sino un aporte a la organización popular? ¿De qué hechos conocidos podríamos partir (hipótesis) para que la investigación apunte a fortalecer la organización popular y no represente un alejamiento técnico de la realidad?

Por último, la investigación como actividad podría fortalecer la organización y los vínculos entre los voluntarios y complementar las actividades que quizás tienen un techo bajo en cuanto a intervención por parte nuestra (relevamientos).

(1) Roberto Fernández. El laboratorio americano.